A menudo escucho a la gente hablar de todas las malas personas que han pasado por sus vidas. Sin duda, escuchándoles puede parecer que el mundo está lleno de gente mala y perversa que nos va haciendo daño a diestro y siniestro a lo largo del tiempo. Pero, ¿es verdad? Bueno, la verdad es que nos han causado daño pero, de ahí a que sean malas personas, hay un abismo de diferencia.

Digamos que una mala persona es aquella que, consciente o inconscientemente, comete actos negativos continuamente hacia los demás. Puede parecer un amplio espectro de acciones pero, en realidad, son bastante pocas. Mala persona es alguien que maltrata psicológicamente o físicamente. Mala persona es quien abusa sexualmente de otros. Mala persona es quien abandona a sus hijos. Mala persona es… algunas cosas más que me dejo, pero que todos tenemos claro que son acciones de gente horrible.

Todos los demás sólo somos personas que a veces cometemos malos actos.

¿Quién no ha cometido errores? ¿Quién no ha hecho algo de lo que se ha arrepentido?¿Quién no ha causado algún daño a otra persona por una decisión propia?

Todos nos convertimos en malas personas a ojos de a quienes hemos fallado, ofendido, herido o traicionado. Pero hemos de aprender a distinguir entre una mala persona y una persona que hace algo mal.

¿Por qué? Pues porque si creemos continuamente que todos los que nos dañan son malas personas, acabamos por creer que hay más mala gente por el mundo de lo que en realidad hay. Y nos convertimos en seres desconfiados, cerrados, llenos de miedo y con máscaras para que no nos vean los demás.

Para empezar, deberíamos aprender a examinarnos a nosotros primero. Por supuesto que siempre es más fácil echar la culpa al otro o centrarnos en los errores ajenos, pero para lo único que nos sirve es para sentirnos vulnerables, frágiles y víctimas de los demás. Y, cuando nos sentimos así, víctimas, solo podemos quejarnos, lamentarnos y excusarnos, en vez de plantearnos opciones que podrían mejorar la situación o podrían darnos una visión diferente de las circunstancias.

Las cosas que nos hacen los demás son solo consecuencias de malas decisiones, de prioridades diferentes, de formas de pensar distintas… la mayoría de las veces no es porque quieran hacernos daño y, por supuesto, no es porque sean malas personas.

Si alguien es infiel a su pareja, puede que sea un cobarde, pero no tiene porque ser una mala persona.

Si alguien miente puede que tenga miedo a mostrarse como es o que tenga miedo a las consecuencias pero, no por ello, tiene que ser una mala persona.

¿Está mal ser infiel, engañar, mentir? Está mal dañar a otros; pero hacemos las cosas mal cuando no podemos o no sabemos hacerlas mejor. Porque nadie es tan idiota de hacer las cosas mal a posta.

A veces somos cobardes, a veces egoístas, a veces somos hipócritas y mentirosos. A veces somos infieles o manipuladores. A veces tenemos tanto miedo o tanta inseguridad que la cagamos una y otra vez y con nuestras patéticas acciones jodemos la vida a los demás. Y a veces son los demás los que, con sus patéticas decisiones, nos joden la vida a nosotros.

Si te pregunto si eres una mala persona por una mala decisión ,posiblemente, me dirás que no. Porque tienes razón. No eres una mala persona solo por haberla cagado.

Las malas personas existen, por supuesto, pero no son la mayoría. La mayoría solo somos personas imperfectas que tomamos decisiones en base a nuestras creencias, miedos, ideas, inseguridades, valores y es una putada que a veces nos llevemos por delante a personas que no se lo merezcan, pero así es la vida y así son las relaciones. Un círculo entre acciones y consecuencias.

Con todo esto no quiero decir que haya que perdonarlo o tolerarlo todo, eso dependerá de cada uno, lo único que quiero decir es que no seamos tan duros a la hora de juzgar solo porque nos haya repercutido a nosotros.

Aprendamos a enfadarnos con los que nos hacen daño de forma más justa. Nos han hecho daño, sí. Puede que lo hayan hecho fatal, sí. Puede que la hayan cagado, sí. Pero eso no convierte a alguien en malo. No dramatices, no exageres, no condenes todos los actos de alguien porque haya cometido errores.

Que alguien te haya metido, no significa que todo lo que te haya dicho fuera mentira.

Que alguien te haya sido infiel, no significa que se haya estado riendo de ti.

Que alguien te haya defraudado, no significa que no puedas volver a confiar.

Que alguien te haya ofendido, no significa que lo hiciera expresamente para ofenderte.

Aristóteles decía: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”.

Así que, la próxima vez que digas que una persona es mala, cerciórate de que sea verdad. Porque utilizar a la ligera esa palabra te convierte en alguien que no ve más allá de sus propias narices.

Vani G. Leal

Psicóloga y coach personal.

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