El miedo es una emoción y un sentimiento tan natural, biológico y cotidiano que no hay ni una sola persona en el mundo que no lo padezca. Así de parecidos somos todos.

Claro que a cada uno nos afecta de forma distinta y en cosas distintas.

Miedo a enamorarse, a la soledad, a quedar mal con los demás, a defraudar, al abandono, miedo a la verdad, a la mentira, a no gustar, al fracaso…

Siempre nos dicen que hay que vivir sin miedo. Y como idea positiva y equilibrada, sí, sería lo más idóneo. Pero la realidad es que eliminar el miedo es imposible. El miedo es una emoción primaria y básica que nace y muere con nosotros.

El miedo es un estado adaptativo que tenemos para sobrevivir, nos ayuda a ir por la vida con más cautela, a ser más precavidos ante situaciones que han salido mal con anterioridad o ante situaciones que no conocemos. Así que eliminarlo no es una opción.

Pero controlar el miedo sí es algo que podemos hacer todos. Controlar nuestros miedos para que no nos limiten la vida. Porque ahí radica la diferencia entre el miedo “normal” y adaptativo, que te ayuda a ser más cauteloso y el miedo desmedido y exagerado, que te lleva a sentir continua inseguridad.

Yo puedo tener miedo a no gustar a los demás, es natural querer ser aceptados. Pero, si ese miedo hace que no diga lo que pienso, si ese miedo hace que quiera quedar bien con todo el mundo, si ese miedo me mete en problemas, no es un miedo adaptativo, es una inseguridad tan grande como la copa de un pino.

El miedo no es algo malo, ni dañino en sí mismo. Y tampoco es negociable. Lo tenemos todos y lo tenemos siempre. Por eso lo importante y prioritario es aprender a convivir con él para que no nos joda la vida.

Por miedo hay personas que están años entre discusiones y dramas en lugar de separarse y rehacer sus vidas.

Por miedo hay quien miente continuamente y finge ser una persona que no es en vez de aceptarse y quererse.

Por miedo hay quien pasa la vida sumido en la tristeza y la depresión en vez de vivir plenamente.

Por miedo hay quien jamás asume riesgos pero vive amargado con lo que tiene.

Así no se puede vivir, o sí, pero será una vida de mierda. Porque mucho miedo, no nos engañemos, jode la vida.

Todos tenemos derecho a ser felices. A sentirnos plenos, a sentirnos realizados. Pero solo tú puedes conseguirlo y nadie puede hacerlo por ti.

Y ya sé que no siempre se puede hacer todo aquello que uno desea, no todo depende de uno mismo. Pero no te equivoques, quizás no puedas hacer el 100 por 100 de lo que quieres, pero si puedes hacer algo más de lo que haces.

  • Lo primero y más importante que tienes que hacer es poner encima de la mesa tus miedos. Sin vergüenza, sin culpa y sin filtros.

Hemos de distinguir entre nuestros miedos adaptativos y por lo tanto “normales” y los que se nos han ido de las manos y se han convertido en inseguridades.

¿Cómo puedes distinguirlos?

Si a pesar del miedo, consigues decir o hacer lo que quieres, tu miedo está dentro de lo controlado y, por lo tanto, aunque seguro que es mejorable, no representa una carga y tu eres el que controla el miedo.

Si el miedo hace que no hagas, no digas, no seas lo que quieres… es el miedo el que te está controlando.

Ojo, los miedos son algo que están dentro de todos los aspectos de nuestra vida. Por lo tanto, podemos tener algunos controlados y otros que nos controlen a nosotros.

  • Una vez tengas claro cuál o cuáles son los miedos que te limitan, haz un acto de auto observación y presta atención cada vez que dejes de hacer o decir algo por ese miedo y pregúntate qué hubieras hecho y dicho si no tuvieras miedo.

Si eres consciente de todo aquello que pierdes, si eres consciente cada día de las cosas que dejas de vivir por miedo, tal vez empieces a plantearte el hecho de que merece la pena intentar cambiar la idea de que las cosas por si solas mejoran o la creencia absurda de que en el fondo no nos afecta tanto.

Claro que afecta y por supuesto que por sí solo no va a mejorar. Si no haces nada, nada pasa. Así que sopesa si merece la pena cargar con ese miedo.

  • Habla de tu miedo abiertamente siempre que puedas. Grítalo a los cuatro vientos.  Para empezar te sorprenderá darte cuenta de que no sorprendes a casi nadie y para terminar hará que deje de ser un tema tabú y pase a convertirse en algo más habitual y común.

Todo lo que consideras enorme, es enorme. Así funciona nuestra mente. Así que si aceptas y normalizas algo, también lo conviertes en algo más simple, fácil y manejable.

No olvides que todos somos iguales y tenemos miedos parecidos. Que no hables de tus problemas no hace que no existan. Así que deja de lado la vergüenza o el orgullo, porque no te servirán de nada.

  • Ensayo y error, ese es el siguiente paso. Prueba, prueba y prueba cosas diferentes.

No hay una forma concreta de superar las cosas. A cada persona le sirve lo que le sirve y para encontrar lo que te ayude, vas a tener que probar muchas cosas distintas.

Enfrentarte a las situaciones que te asustan es un gran logro aunque no tengas los resultados deseados.

Pero se realista, nada que hagas hará que mañana desaparezca el miedo. Si lo vas intentando te darás cuenta de que cada vez te resulta más sencillo enfrentarte ,hasta que llegue un momento que, aunque te asuste podrás hacer y decir lo que realmente quieres.

 Será entonces cuando esa inseguridad tan grande que tenías pasará a ser el miedo normal y adaptativo que te lleva ,simplemente, a ser un poco más prudente.

  • Si no consigues superar el miedo o no consigues encontrar el modo de cambiar las cosas, pide ayuda y ves a ver a un psicólogo.

No significa que estés loco, ni significa que tienes problemas insuperables. Solo significa que tienen que ayudarte desde un punto de vista diferente al tuyo. A veces para encontrar las pautas adecuadas es imprescindible ver las cosas desde otra perspectiva. Y una persona adecuada para ver las cosas desde otra perspectiva es un psicólogo.


Como ves el miedo no tiene secretos. Es una emoción que a dosis pequeñas nos resulta positiva para caminar por la vida, así conseguimos prestar atención a las situaciones y no cometer errores pasados. Pero, si en vez de dosis pequeñas, te tomas la dosis entera, el miedo se come tu vida y se convierte en un fantasma gigante que te pisa hasta hacerte añicos.

Por lo tanto, no permitas que la ventaja que te proporciona el miedo se convierta en un obstáculo porque, si no conquistas tus miedos, te los vas a tener que tragar con patatas el resto de tu vida.

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Vani G. Leal

Psicóloga y coach personal.

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