¿Por qué nos cuesta tanto ponernos en la situación de otra persona? ¿Por qué nos tomamos las cosas de forma tan personal? ¿Por qué creemos tener siempre razón en las cosas que nos suceden?

Relatividad es una término que utilizamos en muchos momentos los psicólogos. “Todo es relativo”, “depende de cómo lo mires” o “hay otra perspectiva además de la tuya”, son algunas de las frases que nos ayudan a decirle a una persona que, todos los puntos de vista son igual de reales y verdaderos y que, lo yo pienso, digo y hago, tiene el mismo valor que lo que piensa, dice o hace el otro.

Un ejemplo lo encontramos en las preferencias que tenemos por los colores. Si preguntas a las personas que tienes cerca sobre su color favorito, cada uno te responderá un color diferente. ¿Crees que tu color es mejor que otro? No, seguro que entiendes que los gustos son relativos y que a pesar de que nos gusten distintos colores, todos son igual de buenos.

Si entendemos que a cada uno le guste un color distinto, sin que ello signifique que el nuestro sea mejor o peor, bueno o malo ¿por qué nos cuesta tanto entender que otro piense diferente, sin que ello signifique que vaya en nuestra contra?

Cuando interpretamos un suceso lo hacemos con nuestro cerebro y nuestro cerebro son la suma de nuestras experiencias, entorno, miedos,  educación,  valores,  prioridades,  temperamento y carácter. Cuando otro interpreta el mismo suceso que nosotros, lo hace con su cerebro y con la suma de su cerebro, por lo tanto nuestra verdad y la suya son igual de reales.

Si son igual de reales, ¿quién tiene razón?

Las dos personas tenemos razones para interpretar los hechos a nuestra manera, las dos personas tenemos razón en nuestra verdad. Y como en el color favorito, no hay mejor o peor, ni buena o mala verdad. Solo distintos puntos de vista sobre algo, productos de un cerebro distinto.

Aceptar que pensamos diferente es fácil en los aspectos triviales de la vida, los gustos, las aficiones, los hábitos, etc. pero, ¿qué pasa cuando pensamos diferente en un conflicto?, ¿qué pasa cuando pensar diferente hace que nos duela el comportamiento del otro? o ¿qué pasa cuando alguien hace algo que te repercute directamente?

En esos momentos no somos capaces de aceptar de forma tan fácil que otros piensen o actúen de forma distinta. Pero, en realidad, es el mismo mecanismo que nos hace entender que tengamos gustos distintos.

El problema es que no nos duele o nos molesta que prefieran otra música, pero sí que tengan otras prioridades, otros valores o que actúen de forma diferente a como lo haríamos nosotros.

Pero, ¿recuerdas lo que hemos dicho antes, que tú eres  la suma de muchas cosas y el otro es la suma de sus muchas cosas?

Por eso las personas actuamos y nos comportamos de formas distintas, por eso tenemos valores, ideas y prioridades diferentes y por eso lo que tú ves como algo importante otra persona puede que ni siquiera lo tenga presente.

¿A que no es lo mismo pensar que ha sucedido algo que te ha dolido, a pensar que te han hecho daño?  Nada es personal.

Si somos capaces de entender que todos tenemos cerebros distintos y que casi nadie se levanta por la mañana expresamente para hacernos daño, sino que nuestros pensamientos y acciones repercuten en los demás, dejaremos de sentirnos tan vulnerables y víctimas de las malas artes ajenas y comprenderemos que la verdad es relativa.

Imagina que te encuentras con un amigo o amiga que te cuenta que su pareja le ha sido infiel. Puedes pensar  en lo mala que ha sido esa persona, en cómo alguien puede engañar a alguien que le quiere. A la semana siguiente te encuentras a la pareja de tu amigo/a y te cuenta lo mal que lo ha pasado el último año, que apenas coincidía con su pareja y que sin darse cuenta se enamoró de alguien del trabajo. ¿Verdad que ya no puedes pensar tanto en lo mala persona que ha sido? Quizás se ha equivocado a la hora de hacer las cosas, pero ya no es una mala persona, es un acto mal hecho, producto de un error o una equivocación.

Un mismo hecho puede verse de maneras diferentes cuando tienes más  información, cuando entiendes que varias realidades pueden conformar una verdad.

¿Que las cosas nos dolerán igual? Posiblemente sí, porque somos seres sensibles y nos  afectan las cosas que nos suceden, pero ser capaz de abarcar otros puntos de vista, relativizar, hará ese dolor más llevadero, te sentirás menos enfadado y podrás enfrentarte a las situaciones de forma más positiva para ti.

¿Qué conclusiones podemos sacar?

Hay que pararse a pensar un momento antes de sacar las conclusiones más negativas, hay que pararse a pensar antes de creer a ciencia cierta que nuestra verdad es la única que existe. Recuerda  que todo lo que hacemos o decimos es producto de nuestra verdad y repercute en los demás al igual que la verdad de los demás repercute en nosotros.

Por eso, si eres capaz por un momento, de dejar de mirarte el ombligo, puede que veas más allá de tus propias narices y te des cuenta de que la verdad es relativa y depende de los ojos que la miren.

Vani G.Leal

Psicóloga y coach personal.

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