“Yo soy sensible pero prefiero aparentar ser una persona dura y fría a la que no le duele ni le importa lo que le hagan. Así me protejo para que no me hagan daño”.
Cuantas veces habré escuchado este argumento. Un argumento basado en la autoprotección, en el miedo, en la desconfianza hacia los demás y en la poca confianza en uno mismo.

Que enorme contradicción ir por la vida siendo alguien que no eres por miedo a que te hagan daño.
Pero dime, ¿te ha dejado alguna vez de doler por aparentar que no te duele? No, finjas o no, lo que nos duele, nos duele y por mucho que nos hagamos los duros, si por dentro estás mal o triste, fingir no sirve absolutamente de nada. Bueno,  sirve para ocultar tus miedos, sirve para ir de quien no eres y  sirve para que no te conozcan, pero no sirve de ninguna manera para que las cosas te duelan menos, ni sirve para protegerse de nada.

Nada puede evitarnos las decepciones, ni las desilusiones, ni los golpes inesperados. Lo único que podemos hacer es ser honestos con cómo somos y enfrentarnos a las situaciones siendo verdaderamente nosotros mismos.

El que va de duro, el que va de ligón, el que va de pasota, el que va listo, el que va de… Ir de algo que no eres es una consecuencia del miedo a demostrar al mundo quien eres de verdad.

El que va de duro por la vida, es más sensible de lo que quiere aparentar.
El que va de ligón, se cree menos guapo de lo que parece.
El que va de pasota, es al que en verdad, todo le importa.
El que va de listo, necesita demostrar al mundo lo mucho que sabe.
El que va de…

Al final, todas las personas que van de algo, fingen un personaje que no son.

¿Te compensa? ¿Crees que todo ese esfuerzo que tienes que invertir en que no se note tu yo, merece la pena?

Te voy a explicar que pasa cuando el personaje que aparentas se instala en tu vida.

1. Nadie te conoce de verdad y en consecuencia te tratarán diferente a como te tratarían si vieran quien eres. Puede parecerte una medida preventiva contra el dolor, pero no lo es.
Si vas de que nada te duele, es fácil que no te tengan en cuenta, total, nada te duele, ¿no?
Si vas de ligón, te tratarán como a un creído, y sinceramente, a nadie le gustan los creídos.
Si vas de pasota, dejarán de preguntarte, total, todo te da igual.
Si vas de listo, te verán como a un prepotente, porque a nadie le gusta que le hagan sentir tonto.

2.Tendrás que estar constantemente pensando en cómo actúa el personaje que te has montado y, por lo tanto, te aleja de ser una persona natural. ¿Crees que no se ve a leguas las personas que son poco naturales? ¿ Crees que las personas de tu alrededor no notan que algo falla en tu comportamiento? ¿Cuántas veces has visto tu en los demás que van de algo que no son? Si tu eres capaz de verlo, ¿qué te hace pensar que los demás no lo ven en ti?

3.La mayoría de los personajes que creamos no se eligen de forma libre,  el miedo y el dolor  lo eligen por ti.
¿Por qué no dejas de aparentar ser diferente a quien eres y trabajas en modificar tu yo auténtico? El “YO” es un estado dinámico y activo, “YO no soy, Yo voy siendo”, así que hazte más fuerte, más realista o más consecuente. A través de la autocrítica y de pensamientos meditados y sinceros, enfréntate a tus miedos en vez de protegerte falsamente de ellos.

Sin duda, es más fácil crear un rol que finja ser muchas cosas, pero pregúntate si ese rol, ese personaje al que llevas a todas partes, te hace verdaderamente feliz.

¿Merece la pena?

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Si no sabes cómo modificar y potenciar  tu YO más auténtico, pide ayuda. Pero no te disfraces de quien no eres.

Vani G.

Psicóloga y coach personal.

 

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